No hay mucho que decir. Veo la escena, cierro los ojos, vuelvo a abrirlos, y es lo mismo. Nada ha cambiado. Tan solo he cambiado yo. El sonido es ensordecedor, veo las caras de aquellos muchachos ( lo digo como si yo fuera viejo, ha!) , veo sus caras con ira, odio acumulado y frustración con ellos mismos y su entorno. Trato de entender sus palabras de inconformidad, contra el “sistema” que ellos mismos alimentan inconsecuentemente y probablemente, sin tomar mayor atención a eso, sin darse cuenta…
Me veo a mí mismo, y veo hacia atrás, tiempo no muy lejano, en donde me solía acoplar a ellos, mezclarme entre ellos y dispuesto a jugar ese jueguito de golpear y recibir, dispuesto a gritar y criticar todo, el gobierno, la podrida sociedad, y a cualquier ser que, según mi criterio, sus actos fueran dignos de ser repudiados.
¿Entonces, que paso?
Veo la escena, cierro los ojos, vuelvo a abrirlos, y es lo mismo. Nada ha cambiado. Pero ya no me hace sentido todo eso, ni sus ropas, ni sus gritos, ni su actitud. Debo reconocer que sigo escuchando cierto tipo de canciones que guardan algunas coincidencias con lo que siento y pienso, pero ni por esa razón me convierte en uno de ellos, nunca fui uno de ellos y jamás lo seré, me parece un tanto ridículo refugiarse en la rebeldía y usar un uniforme para ser diferente, estar en las calles pidiendo monea’ para seguir carreteando. Gran solución para la sociedad, perder capacidad de hacerte cargo de ti mismo, haciendo responsable al resto.
El sistema los absorbió hace rato, todo su movimiento, ahora solo juegan a ser alguien que no son.
Yo seguiré viendo como todos juegan, solo veré por la ventana. Salud.